sábado, 26 de noviembre de 2016
Siempre hago mi cama
Siempre que me levanto, hago mi cama.
Realmente no importa la hora, si me hago pis encima, si llego tarde, si alguien me está esperando en algún lado.
Siempre hago mi cama.
Acomodo las sábanas, las frazadas: la más linda la dejo extendida, para que se luzca y la más vieja y calentita, la dejo doblada a la mitad, para tenerla a mano. Acomodo los almohadones que están de a pares, los largos y flaquitos primeros, los más gorditos con buhos después y por último, mi flamante buho caraculica junto a un corazón rojo a lunares blanco.
Siempre hago mi cama.
Por un lado por costumbre, la costumbre nos puede.
Por otro lado, porque leí que está demostrado que "hacer tu cama" es un pequeño gran logro entre todos los retos que diariamente tenemos y que te ayuda a empezar un buen día, algo así como "si puedo hacer esto dormida, puedo hacer lo que sea"
Siempre hago mi cama.
Más que nada por mi viejo.
Mi viejo es de esas personas que tienen mil quilombos al día, que laburan mucho y que se dedican a los demás. Hay muchos días de locuras y un par de días calmados, que coinciden con los fines de semana, cuando vamos a sauce. Hay varias cosas que lo estresan, como a todos, pero así mismo, él nunca para. Una de ellas es el desorden.
Siempre hago mi cama.
Porque entre todas las cosas que molestan y desorden la vida de uno, esa está a mi alcance, a mi metro sesenta. Eso puedo hacerlo, son unos minutos y lo soluciono.
Siempre hago mi cama.
Porque entre todos los quilombos que mi viejo aguanta para que nosotros vivamos bien, lo minimo que puedo hacer, es hacer mi cama.
La cuestión y la moraleja es: Hacelo. Hace eso que no cuesta realmente nada, que no te quita tiempo, pero si regala paz a alguien. Arreglá eso que está a tu alcance, levantá esa basura del piso que a todos nos molesta, no esperes que otros lo hagan, rompé ese orden desordenado que aparece en la rutina donde dejamos la basura por doquier y las sillas sin lugar.
Rompé esa rutina y dale paz a esa persona, hacé tu cama, limpiá los platos, ordená un poquito tu casa, ayudá a tu vieja, que no tiene porque hacer todo ella. No tires esa basura en la calle, no manches ese banco que tanto costó comprar. Hacé lo mejor para todos, que también es mejor para vos, pensá un poquito más alejado de tus pies, así es como se construye un mundo mejor.
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Esto es ser buena hija, empezando ayudar a los que te rodean haciéndose la cama cada día.
ResponderBorrarUn abrazo.