Cuando era chica, en la etapa que yo llamo "mis tiempos malos"... solía ser muy débil;
Mi voz era débil, prácticamente no podía hablar, y cuando lo intentaba, se escuchaba entre susurros.
Mi mente, dormida y entumecida, apagada por la presión de no ser igual a todos, de que no podía serlo, a veces era tan débil que generaba ideas que luego apagaba (por si acaso, no vaya a ser que la lastimen más).
Mi cuerpo, maltratado por mi mente, por la tele y por los espejos, apenas si podía caminar. En realidad, con suerte si se movía, prefería quedarse en el lugar y no llamar la atención
Mi corazón... Dios, habia días que lo sentía romperse, sentía ese dolor interminable, esos cuchillos por la espalda. Si, mi corazón era mi parte más débil.
Todo esto fue hasta que un milagroso día me rompí demasiado. Ya no existía lo que debía ser, mi alma no estaba en mi cuerpo. Ese día, recibí una gran ayuda, mi viejo apareció con su sabiduría nata y me dijo algo sencillo, directo y real "tenés que ser más fuerte", a partir de ahí no me quedó otra que gritar.
Al principio, girtar de dolor, era lo más directo que tenía, pero a fin de cuentas, emitía sonido, y eso era gigante. ¿Sabían que estudios demuestran que toleramos más el dolor cuando gritamos y puteamos? Entonces grité, grité mucho.
Primero a mi, a mis inseguridades, a mis "no puedo", a los "te odio" que el reflejo de mis ojos me daban. Le grité a mis miedos, a esos que me hacían chiquita, a las palabras que yo misma construía, a los "gorda de mierda", le grité a mi boca que no decía las ideas que mi mente pensaba. Le grité a mi mente, por dormirse, por conformarse con el nada. Le grité a mis piernas por no moverse, por los dolores que a veces sufría. Le grité a mi corazón, por su debilidad, por su sensibildad.
Grité a mi almohada, grité a las piedras que tropezaba, le grité al agua porque a veces no me llevaba con ella, grité al espejo.
Llegó un punto en el cual gritaba tanto, que terminé rompiendo el cristal que me envolvía.
Me di cuenta que mis gritos no eran solo mios, que no era solo yo. Entonces grité el llanto de un vecino, la hipocrecía de la gente, las injusticias del día a día, grité a la tele.
Y con todo ese ruido mi mente se despertó, asi de la nada, como un estallido de color, como un estornudo cuando ves el sol.
Empezó a animarse a hablar, empezó a escuchar, a ver y buscar soluciones, o por lo menos a expresarlo en papel. Empezó a sentirse libre, a soñar, a buscar belleza en la realidad, a entender los horrores que existían, que ésos no eran la única solución.
Empezó a darse cuenta que no era una mente cualquiera, que era una mente despierta.
Y con esa mente, mi cuerpo empezó a caminar, decidió transformarse, mejorarse, adaptarse a mi mente.
Mi cuerpo se reformó de lo que yo necesitaba; Piernas que corran, que sientan el dolor de correr, que sepan todo lo que costó, para no olvidarse de donde nació, para no alejarse de la realidad... Pero que corran, como nunca habían podido. Manos que se extiendan, que den ayuda, que pidan ayuda, que bailen, que sientan. Sonrisa de sobra, para dársela al que necesite, para perdonar a los que me lastimaron, para agradecer a todos los que me ayudaron.
Un pelo llamativo, para que se note mi presencia, para que me vean la cara y escuchen mis palabras.
Una espalda recta, que supere obstáculos, que confie en ella, que sostenga mi mente y mi cabeza bien en alto.
Un cuerpo, que si lo ves por la calle, o va bailando, discutiendo mentalmente o admirando un árbol.
Un cuerpo que es mio, como nunca lo había sentido.
Y cuando me desperté, cuando todos estas etapas pasaron, me di cuenta que la debilidad es relativa, que lo más fuerte que tenía, era lo que pensaba que era más debil; Mi corazón.
Sentir no es debilidad, sentir es ser conciente de la realidad que vivimos, es entender a otros, es dar una mano, es ser valiente. El problema es que mi corazón no encajaba en los esterotipos que daban, mi amor no es de alguien que no conozco, mis amistades son pocas pero fuertes, mi autoestima era nulo pero ahora es gigante.
Cuando empezó el ruido, se removió, con la mente fue que aprendió todo eso que entendió y cuando por fin mi cuerpo se hizo mio, noté, que lo que parecía debilidad era fuerza acumulada, era amor, mucho amor.
Nos dicen que amar te hace débil, que uno no tiene que dar más de lo que recibe. Que si das todo de vos, te perdés. Y por lo contrario de lo que se dice, amar no te hace débil, amar te hace fuerte, te hace valiente.
Se necesita coraje para amar cuando las noticias del día a día son puro odio. Se necesita valor, muchísimo valor para amar.
Amar tanto como una madre que labura todo el día, para que su hijo vaya a la escuela, tanto que lo decís sin problemas y sin verguenza. Amar tanto como para preguntar cómo estás, si llegaste bien, como dar un regalo, una carta. Amar tanto como para verte al espejo y soneir.
Amar, sin discriminación y sin limites, hasta en las cosas más boludas.
Porque darle el asiento a alguien que se ve cansado, también es amor. Sonreir cuando atendés un negocio, aunque tengas un mal día, aunque se te parta la cabeza, también es amor, es pensar que el otro también puede estar mal y tal vez le regalás una sonrisa. Hacer reir, eso es amor.
Estar con él, eso eso amor para mi.
Ver a mis viejos.
Si alguna vez te olvidás de lo que es el amor, buscalos a ellos, miralos un rato y ahí está. Ahí está el amor.
Como dije muchas veces, sé tan débil, mostrate tan débil, que sepan lo fuerte que en realidad sos.
Entonces, cuando te sientas así, cuando no llegues a esa cuadra que tenías que correr, cuando no sabés porqué tenés que estudiar, cuando no te animes a decirle que la amás. Cuando sientas que estás solo,que el mundo es muy duro y no te animás a pedir ayuda. Acordate que no sos el único, que por lo menos estoy yo, aca escribiendo todo lo que una vez me dolió, acordate que pude correr, que pude gritar. Acordate que soy una persona normal y que si yo pude, obviamente, vos vas a poder... Con lo genial que sos.
Y date cuenta, que vivir sufriendo, es una elección, es una palabra, es decirte "basta", date cuenta que merecés lo mejor y que lo vas a conseguir empezando a gritar, a moverte, a transformarte. Salí de ese confort que te vendieron como felicidad y buscá eso que te libera, que te apasiona.
Empezá viendo afuera de vos, empezá caminando. Vas a notar, cuán grande te hacés y cuán lejos llegás.
Dale, vos podés.
Florencia Alegre
Oh Dios, que hermoso post! Se nota que escribiste con ganas de inspirar, y sí que lo has hecho. Tienes toda la razón, tenemos que movernos!!! cambiar aquello que nos moleste y sonreírle a los problemas. Escribes muy hermoso, pues lo has hecho con el corazón. Que lindo<3 Besos
ResponderBorrarHermoso post!!! A seguir gritando y amando!!
ResponderBorrarTe felicito!
El Pibe del Bondi