martes, 7 de junio de 2016

Dos formas

Creo que cada uno tiene la posibilidad de decidir entre dos formas de concebir la vida. 

La primera, podríamos hacer todo lo que se espera de nosotros, no más, no menos. Podríamos dar pasos seguros, detrás de huellas tan marcadas que no sabemos ni de quiénes fueron. Podríamos caminar por la ruta llana, lisa, sin altibajos. Podríamos no ver el paisaje, perderlo en la monotonía y en la velocidad de lo fácil. Podríamos juntar muchas o pocas personas, probablemente una multitud, de caras vacías y sin distinción alguna.
Podríamos atarnos a nuestros dolores, nuestras enfermedades, los que nos hieren e incluirlo en nuestra rutina. Podríamos dejarnos pisar, podríamos, básicamente, desperdiciar nuestra vida en trabajos obligados y en fotos de gente que ríe pero que en realidad no se pueden ni ver.


 La segunda, un poco más arriesgada, es aquella que te lleva no sólo por una montaña, si no que te empuja por toda la cordillera. Te morís de frío, te insolás, te caes mil millones de veces, porque el piso está resbalozo y nadie sabe realmente qué viene después... Pero mierda que el paisaje lo vale!


Y es así, no tenemos otra forma de percibir nuestro camino, es uno u otro.


En mi humilde opinión, la "meta" de esa maratón corriendo por distintos lados, llegando, cortando la tira que está atada precariamente de un poste de luz al otro, esa que vemos en olimpíadas llena de gente que parece haber sido asaltada, con las manos arriba pero festejando, dedicando a Dios, a la vida, a lo que te hizo llegar, con esa sonrisa de cansancio que transmite poder, también se puede concebir de dos formas: Pues, podrías llegar "divina", sin una gota de transpiración y con el conjunto running de última moda. O podrías llegar, basicamente y sin más preámbulos: hecha mierda pero una sonrisa sincera pegada en la cara. 

Si me preguntás, nunca fui de las primeras opciones de nada (ningún deporte, por ejemplo) por lo que los segundos puestos que mencioné me vienen como anillo al dedo. 

Si, les juro que llegaría siendo más una cosa con moretones, transpirada, rasguños, ojeras, sucia que una persona "hecha y derecha", llegaría con casi nada de agua o comida. Llegaría habiendo agotado cada parte de mi cuerpo, de mi mente. Porque andaría por todos los caminos que me lleven a los paisajes más hermosos e interesantes. Me voy a caer, eso es seguro, es más, me he caido miles de veces y he terminado acostada por meses, años, sin poder moverme, he tocado el fondo muchas veces y descubierto que cada vez era más profundo. He visto gente empujar a otras, he visto y comprendido el significado del compañerismo, de ese brazo que te agarra desde arriba y te vuelve a levantar, he tenido la dicha de crecer en amor y de vivir el mio. He aprendido que las personas llegan a otras con una misión, sea cual sea, no es más que una nueva razón para aprender a caminar un poco más. 
He recolectado cientos de historias que hoy puedo contar, para poder ayudar, para reir, para comprender a los demás. 



Pero lo más importante, he entendido por carne propia, esto que Mandela dijo hace tiempo:
Nuestro miedo más profundo no es que seamos inadecuados.
Nuestro miedo más profundo es que somos poderosos sin límite.
Es nuestra luz, no la oscuridad lo que más nos asusta.
Nos preguntamos: ¿quién soy yo para ser brillante, precioso, talentoso y fabuloso?
En realidad, ¿quién eres tú para no serlo?
Eres hijo del universo.
El hecho de jugar a ser pequeño no sirve al mundo.
No hay nada iluminador en encogerte para que otras personas cerca de ti no se sientan inseguras.
Nacemos para hacer manifiesto la gloria del universo que está dentro de nosotros.
No solamente algunos de nosotros: Está dentro de todos y cada uno.
Y mientras dejamos lucir nuestra propia luz, inconscientemente damos permiso a otras personas para hacer lo mismo.
Y al liberarnos de nuestro miedo, nuestra presencia automáticamente libera a los demás.


Es por esto que creo que así debe uno vivir, sin tiempo de aburrirse, sin tiempo casi de dormir, uno tiene que hacer todo lo que ama y dar todo en cada acción. Y sobre todo, encontrar gente que te acompañe y entienda que tu razón de existir no es otra que hacer todo lo que soñas. Y aceptar que aquellas personas que te traben o te hagan dudar, son también más historias que contar.
Debemos concebir a cada momento de nuestra vida, como una enseñanza nueva que entender.
Por último, ésta es mi consigna: proyecta tu vida, de tal forma que al final del camino, estés con la gente

imprescindible, con el agua necesaria para poder compartirla y con todas las historias, moretones y risas que supiste aprovechar.
Y no te rindas. No ahora que ya te propusiste estar bien, que estás dando ese salto al vacío, no dejes que el dolor te coma por dentro, ni que las personas te tiren abajo, no dejes que una enfermedad te quite esa forma tan particular de ser vos. Porque probablemente te hayes volando, porque nadie tiene el derecho de hacerte sentir menos, porque el mundo necesita de tu persona, particularmente, yo te necesito cada día para que seas eso que tenés que ser, para darme esa luz que sólo vos podés dar. 
No te rindas, que una amiga me dijo que las luchas más dificiles, son para los guerreros más fuertes. Y no te rindas porque no voy a dejar que lo hagas, no te lo permito. Vos podés.

(Si, es para vos, te quiero)

Florencia Alegre

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Espero que te haya servido o gustado, te agradecería mucho si me dejás tu opinión o experiencia propia. Gracias!!